miércoles, 2 de julio de 2014

"Cuaderno Ideal", de Brenda Lozano/ SERGIO BRICEÑO GONZÁLEZ



La realidad se divide en segmentos y hay que llegar a ella mediante parábolas o leves interludios donde el peso de la imagen equilibre el sentido. Un escritor enfermo suele ser un buen escritor, bromeaba Walser. Pero también los sueños, esa otra forma de la realidad, amenazan la estabilidad y la cordura en el momento del desgarro: las despedidas, la distancia, la añoranza y la vocación de órdago.

El comportamiento de una novela como "Cuaderno Ideal" de Brenda Lozano, debido a las habilidades de su autora, podría comprometer el ritmo basculante de la no ficción hasta inclinar la balanza hacia el territorio de lo súbito. En los detalles está la literatura y allá hay que ir a buscarla. Peter Altenberg, el escritor vienés tan admirado por Kafka y quien le inspiró "El artista del hambre", pregonaba su desasimiento de cualquier escuela filosófica, vendía pequeños textos en las cafeterías y estaba convencido de que los días siempre nos revelan sorpresas insospechadas. Era un flaneur que supo captar el Zeitgeist de su época tal y como ahora lo hace Lozano.

Mediante un cuaderno cuyos renglones podrían ser las olas del mar, la protagonista teje y desteje esos segmentos delirantes de un presente discontinuo que coquetea a través de disolvencias con un pasado cuyos rondines abarcan, incluso, los predios que el futuro frecuenta. "La belleza es la armonía entre el azar y el bien", escribió Simone Weil, retocando esa condición impredecible en que flota cualquier buena literatura.

En lugar de ser una sucesión de textos "Cuaderno Ideal" es una serie de burbujas por cuyos arcoíris se filtra a contraluz la furiosa realidad solo en un par de ocasiones, no más: las inferencias a los muertos dejados por el calderonato. Otra plomada en el curricán que trata de envolver la irrealidad, esa metaxu weiliana, es la afición de la protagonista por las canciones de Shakira.

Patricia Highsmith en alguno de sus cuentos ficcionaliza a tal punto la realidad que hace a una madre inventarle esposa y éxito económico a su hijo hasta que un terremoto lo mata. Este exceso, atenuado por nuestra ignorancia sobre la variedad de tejido que ejecuta la Penélope de Lozano, puede explicarnos el potencial mutante de sus personajes, a quienes por metonimia equipara a los que deambulan por Las Metamorfosis de Ovido. 

Carolina Sanín o Mercedes Álvarez, lo mismo que Lucía Puenzo o Valeria Luiselli, han rediseñado, como en el cuadro de "Naturaleza muerta resucitando", con sus limas y manzanas en órbita de Remedios Varo (pensemos por ejemplo en los fragmentos de "Controller of the universe", de Damian Ortega, suspendidos con hilos o los cuentos de Lídia Jorge), una realidad cada vez más desmembrable y menos ajena a las acciones humanas. Por eso en todas ellas los objetos se dinamizan buscando hablar, aunque no a la manera de Robbe-Grillet sino en un formato tamizado por la reacción que producen el sueño y la vigilia al colisionar sin aviso.

Brenda Lozano sugiere la participación del soporte textual como último y primer paso para alcanzar una ficción fresca y sin fronteras visibles. Por eso los cuadernos Ideal parten en dos la idea que el lector tiene de lo que está leyendo. El tropo semántico queda más claro: la idealidad no va más allá del cuaderno, pero como estamos hablando de literatura, entonces esa idealidad contamina o purifica a los participantes de la novela.

"Cuaderno Ideal" no es menos que una parábola de la búsqueda de elementos de fuga o de personajes que, como en "El entierro del conde de Orgaz", de El Greco, se están quemando alegremente, conscientes de que su propio incendio le da sentido y convierte en obra de arte el cuadro. O el tejido que compone el texto sobre una superficie idónea: la literatura directa.

martes, 4 de marzo de 2014

'Memorial del engaño', de Jorge Volpi / SERGIO BRICEÑO GONZÁLEZ


Tal vez debí escribir J Volpi en el título de esta entrada, pero me decanté por el antiguo nombre de este novelista mexicano que ahora nos adentra en el mundo espejeante de la burbuja inmobiliaria de hace unos años, en cuya corriente fueron arrastrados sueños y delirios, risas y esperanzas, pero que sirve a la vez como arte motriz para encontrarnos con una hidra de tantas personalidades como voces es posible identificar en el fondo de una obra de esta naturaleza.

Octavio Paz alguna vez le escribió al poeta británico Charles Tomlinson que el peor invento del ser humano después del  neolítico es sin duda el Estado. Y esta parece ser la cuerda que anima las páginas que un Volpi imaginario escribe como si se tratara de una confesión transmutada en reseña, pero envuelta en el mañoso disfraz de la crónica o de la biografía. ¿Y no es todo eso y más una novela? 

Fundador de JV Capital Management, el histrión periférico de 'Memorial del engaño' nos conduce a lo largo de los laberintos que desembocaron en la instauración del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Harry Dexter White enfrentándose a John Maynard Keynes y ambos estupefactos por aquello que nunca les tocaría ver: el nacimiento de las grandes especuladoras que, junto a Merryl Lynch, JP Morgan o Lehmann Brothers, hundieron al mundo a base de créditos tóxicos que llevaron a la bancarrota a millones de personas hace casi 10 años.

Huidizo y procaz, Volpi arma un juguete gigantesco que lo mismo transita por el universo despótico de las mentes especuladoras que por el microcosmos de la ópera: lo suyo es financiar grandes producciones, de la misma manera en que lo hace, por ejemplo, Tibor Rudas. A la vez, busca saber por qué murió su padre. ¿El narrador es el mismo personaje central o viceversa? No importa. Lo relevante es que estamos ante una sucesión de fraudes.

Hay un traductor ficticio de la novela, pero también un autor falso y hasta una serie de fotografías dudosas. En esa superficie inestable se va moviendo el coro de personajes hasta alcanzar el nivel de una ópera, con todo y arias, cabalettas e intérpretes, dentro de los cuales Volpi infiltra a dos mezzos: Padilla y Urroz, apellidos que coinciden con los narradores mexicanos llamados Ignacio y Eloy, en ese orden.

El mismo Volpi volátil del principio, confesando a su madre sobre la desaparición de su esposo, es el que cínicamente se acuesta con Leah y con Vikram, una historiadora y un mercenario del álgebra financiera. Esto nos demostrará que incluso entre las frías planas llenas de cifras, puede brotar algo que podría llamarse pasión.

Enfrentamos así un doble escenario: el del Volpi que cuenta cómo se quedó con 15 mil millones de dólares y el del Volpi narrándonos los hechos que protagonizó su padre, un presunto espía comunista que llegaría a infiltrarse, incluso, en la camarilla del Tesoro de Estados Unidos que gestó el nacimiento del Fondo Monetario Internacional.

Una novela que recuerda los 'jorges' de 'A pesar del oscuro silencio', obra con la que Volpi se dio a conocer y en la que aparecen el Jorge narrador y el Jorge Cuesta que motiva el tejido narrativo cuyo desenlace es la emasculación, por propia mano, del poeta. Juego de espejos y superficies reflejantes donde todo desemboca en uno mismo, que en realidad es el otro. Por eso atraviesan 'Memorial del engaño' los versos de Baudelaire: Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano.

jueves, 14 de noviembre de 2013

'Noviembre', de Sergio Briceño

Se aproxima noviembre

con sus manos rugosas



Confina a las ancianas

en bodegas y baños



Crispa la piel



Se mete entre las sábanas

buscando congelar





Veo su cabeza pálida

más allá del tejado



Induce a la fricción

o al desamparo




Desciende vaporoso

en las casuchas

y cimbra las ventanas



Se estrechan las horas en noviembre



Se fecunda a las hembras



Se acumulan vituallas



Se bebe más



Por estas fechas

las noches sobre un témpano



Se corrigen 

las vestiduras

femeninas

y el mar se vuelve cálido


En el agua hay pereza

focos de calor en los regazos



El aire se hace denso

y parece quebrarse



Los árboles se enroscan



Busca la cobija

de un aliento amoroso



Coloca más cortinas



Por este mes

se conoce la muerte

su primera señal



Cesa el cariño

aumenta la pasión



Festones invisibles

ocultan las auroras



Cala pensar



Los insectos se adentran

en la tierra

y un polvo helado anida en la nariz



Los gatos buscan mimbre



Los muchachos más carne



Brota de los sepulcros

un aroma de incienso

y la manada humana

se pierde en madrigueras



Noviembre brilla en las pirámides



Empaña los cristales


Zurce el telón oscuro

de la Melancolía.









miércoles, 11 de septiembre de 2013

Embalonarte, por Sergio Briceño


Si la Secretaría de Cultura de Colima y el Bureau Internacional de Capitales Culturales han propuesto que la final del Mundial México 1986 sea considerada Patrimonio Deportivo Histórico de la Humanidad, no veo por qué el charangay no pueda aspirar a un título semejante, aprovechando que la ciudad de las palmeras ha sido declarada centro mundial cultural.



No se piense que la propuesta que aquí endoso nace de la nada. Se trata, en el caso del charangay, de un bonito deporte en vías se extinción, de modo que las instituciones citadas podrían aprovechar para invitar al World Monument Fund para que preserve y proteja una escultura que si bien no ha sido realizada por alguno de nuestros artistas contemporáneos, sí podría suscitar un atractivo concurso cuyo premio consistiría en obsequiarle al ganador una camiseta de la selección argentina firmada por Burruchaga, uno de los encargados de anotar en el marco de la oncena alemana, en aquel año.



Además, podría haber segundos y terceros lugares para los autores de las otras esculturas, con los autógrafos de Valdano y Brown. Se podría implementar un certamen de tangos y hasta sortear cenas dobles para el Quilmes o El Diez, con una botella de bonarda cultivada en Mendoza.



Y es que aunque le cueste trabajo creerlo, una nota informativa de Roberto Quintanar consigna que, en efecto, 'el gobierno de Colima y Bureau Internacional de Capitales Culturales han propuesto al partido (de la final mundialista entre Argentina y Alemania en 1986) como Patrimonio Deportivo Histórico de la Humanidad'.



Lo anterior obedece a que ambas instancias andan 'buscando resaltar los valores deportivos en la sociedad'. Como si no tuviéramos programas televisivos y radiofónicos de fut, revistas y secciones periodísticas de fut, trivias de fut, el gol por la educación, los madrazos a la salida del Azteca, la depresión nacional cada que pierde la selección, los partidos que transmite los fines de semana Televisa pero también TV Azteca, las camisetas que venden en el tianguis con el escudo del equipo favorito, la ola, la Chiquitibum y las entrevistas que los delanteros de cualquier escuadra contestan con monosílabos. ¿A eso habrá que agregarle un partido de futbol como patrimonio de la humanidad? Parece que sí, porque no se trata de una consulta o de un plebiscito sino de la decisión de la Secretaría de Cultura de Colima y del Bureau Internacional de Capitales Culturales.



Lo anterior sirve, además, para impulsar otros dos duelos que nos ayudarán a entender que el futbol, más que el charangay, es cultura y, por ello mismo, susceptible de convertirse en patrimonio de la humanidad lo mismo que el seno enseñado por Madonna en uno de los Premios MTV o al igual que Roberto Gómez Bolaños cuando declaró que siempre estuvo enamorado de doña Florinda.



Así, una vez que el partido en cuestión ya sea patrimonial, Colima también apoyará que se consideren como tales 'la semifinal de México 1970, que Alemania Federal disputó con Italia, y la final de la Copa Confederaciones 1999, donde México dio cuenta de Brasil por 4-3'.



Y es que 'la final del Mundial México 1986 representó la consolidación del argentino Diego Armando Maradona como uno de los mejores jugadores de la historia', pero no solo jugador de balompié sino incluso de esa sustancia por cuyo consumo tuvo que pasar varias temporadas en centros de rehabilitación contra adicciones.



Todos podemos participar en esta tentativa, incluso los que le van al Atlas, aunque gane, porque resulta que 'los partidos, que todavía pueden ser propuestos al tratar de reunir diez candidatos, deben reunir (sic) las siguientes características: trascendencia, gran impacto mediático, aportar valores éticos y solidarios y ser incluyentes'. Por lo que quedan descartados los americanistas, chivistas y cruzazulistas, considerados entre los más rijosos y de los que menos aguantan las derrotas.



Propongo que también se incluya en la lista, del mundial de 1986, el partido de La Mano de Dios, entre Inglaterra y Argentina, lo que nos servirá para entender por qué los argentinos salen a la calle cuando hay relámpagos. Y de pasada conoceríamos 'La creación de Adán', de Miguel Ángel.

Por cierto, nadamás falta que en la Secretaría de Cultura de Colima hagan un programa radiofónico que se llame 'Embalonarte', donde se conjuguen el soccer y el arte, claro está.







 



 

domingo, 28 de julio de 2013

'Candy' o la lujuria, por Sergio Briceño

'Candy', de Terry Southern

Solemos a veces olvidar la tradición que nos ha traído la libertad sexual y esa capacidad crítica de francotirarle a todo lo que se mueva, incluyendo a nuestros propios padres, ya no se diga a los políticos o asambleístas que desfilan por el teatro de la vida esperando que les rompa la crisma una ojiva calibre .38 disparada por un descontentado social que tenga una pluma a la mano y un trozo de papel.

Y ahora que vemos cómo el post-punk entusiasma a las nuevas generaciones, habituadas ya a la partícula post en casi todas las cosas de la existencia, detengámonos un poco en la novela 'Candy', que publicaron en los años cincuenta el exmarine Terry Southern y el poeta Mason Hoffenberg, amigo cercano el primero de William Burroughs y de Gregory Corso, entre otros de los maleducados culturales que nos formaron.

La obrita, llevada al cine con la actuación, entre otros, de Marlon Brando en el papel de gurú oriental, fue prohibida en Francia e Inglaterra, solo porque cuenta la historia de una niña geek en sus iniciaciones sexo-intelectuales, en un periplo donde lo mismo pierde la virginidad a manos de un enano que pide limosna pegado a un árbol, que se deja explorar la vagina por un ginecólogo en un baño público, donde el médico inicia su auscultación 'checando' los 'reflejos' de su clítoris.

Asediada por el hermano gemelo de su padre, Candy Christian quiere a toda costa 'entregarse toda ella', como se lo recomendó su maestro de ética moderna, de nombre Mefisto y a quien sorprende bailando desnudo con uno de sus alumnos.

En una de las escenas que transcurren en el hospital donde ha ido a parar el padre de Candy luego de que trató de impedir que un jardinero mexicano le desvirgara a su hija, el doctor Krankeit le dice al doctor Dunlap, de oficio siquiatra: “deep down you’re a veritable sewer of bestiality and lust”, frase que en algún sentido intenta resumir la apuesta de la novela en su temática y tratamiento.

Bajo la batuta de la lujuria y de la pasión carnal que forjó y formó a toda una generación, no es extraño encontrarse con aseveraciones como esta “I didn’t say that you could just walk up to a strange woman in the street and interfere with her genitals, you know”, en la que se sintetiza ese impulso por interferir en las entrepiernas, que ha modulado la conciencia occidental.

Del mismo modo podemos entender que si nuestro destino fue el entrecruzamiento de temperamentos sexuales que contribuyeron a que ignoráramos aún hoy si provenimos de nuestros padres sociales o somos el efecto colateral de una noche de swingers, entonces estaríamos apenas sobrellevando nuestra infancia. O lo que entendemos por ella: “I feel as if something were coming to an end, she thought. My childhood perhaps...”

Nos interesa, en todo caso, esa mezcla que Southern logra entre la belleza y la inteligencia, o la falta de ella, en cuadros como este, donde el enano está a punto de desvirgarla: "Candy laughed. She heard a wisdom and complex symbology in the hunchback’s simple phrases. It was as though she were behind the scenes of something like the Dadaist movement".

Y es que nadie se explica por qué el enano jorobado, como queda dicho, no deja de pronunciar la palabra 'Rubatubdub', que da paso a las expresiones “Fuckashitpiss! Fuckashitpiss!”, proferidas por el pequeño monstruo una vez consumada la fechoría de arrebatarle el himen a la señorita Christian.

Una novela escrita en clave sarcástica sobre un fondo surrealista y absurdo, que pone en entredicho nuestras propias ideas sobre la lujuria y sus consecuencias épicas.

lunes, 22 de julio de 2013

'Titanes del Pacífico', por Sergio Briceño

Se puede analizar 'Pacific rims' (Del Toro, 2013) desde tantos ángulos como sugieran y despierten temas tan dispares incluidos en ella, como la complementariedad cerebral, el conservacionismo y las hoy tan abandonadas exploraciones de las fosas marinas.

En esta ocasión, incluso, Guillermo del Toro nos demuestra el músculo de su imaginación desde una perspectiva novedosa: se puede hacer una película espacial completamente grabada en el planeta Tierra, lo que también nos lleva a pensar en la necesidad de diseñar cada vez más historias vinculadas con nuestro mundo y compararlas con las que seguramente transcurren en el resto de la galaxia.

Los Kaiju son seres primigenios que, como los entendía Lovecraft, vivían bajo tierra esperando la llamada de Ctulhu para volverse a apoderar de la superficie, con la diferencia de que en la cinta de Del Toro se trata de los descendientes de los dinosaurios y los hay de clase 1 hasta clase 5, con un promedio de 2 mil 600 toneladas de peso, unos 30 metros de altura y sangre corrosiva, elemento este último que nos recuerda a los Alien producto de la febril imaginación de H.R. Giger.

Para combatirlos, la pareja que forman Raleigh Becket (Charlie Hunnam) y Mako Mori (Rinko Kikuchi) se vuelve insuperable gracias a la estabilidad que sus dos cerebros mantienen mediante un puente neural: la mitad del giganteso robot, que técnicamente recibe el nombre de Jaeger, es operada por cada uno de las mentes humanas. Imaginemos qué tamaño deben tener las máquinas, que son precisas dos masas encefálicas para manejarlas. Como ocurría con los dinosaurios, bicéfalos por obligación: un cortex coordinaba sus patas traseras y otro el resto del cuerpo.

La cinta se deja ver gracias a la fotografía de Guillermo Navarro, autor comodín de Del Toro y de Robert Rodríguez y quien obtuviera un Oscar por su colaboración en la célebre El laberinto del Fauno (Del Toro, 2006), pero también por la participación de Elinor Rose Galbraith, quien participó en La Mosca (Cronenberg, 1986) y ya había estado en la descomunal Mimic, donde Guillermo del Toro nos advertía, en 1997, del riesgo genético de las cucarachas.

'Pacific rims' apuesta más por un elenco de desconocidos que por el tradicional hot square hollywoodense. Claro, Guillermo se permite incluir a su actor fetiche Ron Perlman, como un gesto que le celebramos ampliamente, sobre todo porque el personaje de Perlman se llama Hannibal Chau, nombre que él toma, según explica, de su serial killer favorito y de su restaurante predilecto.

martes, 16 de julio de 2013

El dengue en Colima

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SERGIO BRICEÑO GONZÁLEZ



Me preocupa tanto el problema del dengue que he tomado la decisión de untarme todo tipo de menjurges ahora que salga de vacaciones. La idea, aunque parezca retro, es la de hacer evidente no solo la impertérrita necesidad de vacacionar aun a costa de la vida y, encima de todo y mucho más importante que el argumento anterior: dejar demostrado que ninguna política aplicada hasta el momento por el gobierno de Colima ha servido para nada en esto del presunto combate al mosco mortífero.



Primero se ufanaban de haber abatizado miles y miles de aljibes, macetas, botes abandonados y hasta albercas, sin tener en cuenta que el abate es de la familia de los organofosforados y por ende se traduce en malformaciones genéticas justo en el momento en el que el colimense común siente el deseo de reproducirse o simplemente multiplicarse. Quiero decir que desde hace tiempo tenemos descendencias con debilidades provocadas por la guerra contra el dengue, y ni siquiera nos hemos molestado por pagar un estudio al respecto, aunque sea universitario.



Tenemos entonces una población invisible para las autoridades que desde hace años padece problemas de motricidad y lenguaje, solo porque el abate pasa a la sangre a través de las duchas que en el caso de las regiones tropicales, como esta en la que se encuentra Colima, a veces suman hasta tres por día: una para despertar e irse a la chamba, otra para estar frescos a mediodía y una nocturna para rematar, con la idea de que podemos dormir, así, más agusto.



Y ahora que observamos nuestra preponderancia entre los estados que mayor número de casos de dengue ostentan, no podemos menos que felicitar a nuestras autoridades sanitarias, que combaten denodadamente al mosco, no lo matan y además nos dejan bañados de un larvicida organofosforado que garantizará que en pocos años tengamos extensas poblaciones de hijos e hijas con retrasos en todos los sentidos.



Pero no nos alarmemos por estas evidencias que nos arrean rumbo a la extinción de los colimenses, sino más bien por el destino -hasta ahora desconocido- que habrán tenido las decenas de millones de pesos que en la última década el gobierno ha dicho que gastó, sin que veamos, hasta ahora, los grandes beneficios de una política tan inteligente.



Se dice por ejemplo que la culpa es de las lluvias, que ellas son las causantes del incremento del 65 por ciento en las infecciones por dengue de los cuatro serotipos (debemos estar tranquilos: en Colima nomás hay del 1, del 2 y del cuatro, este último considerado como uno de los más resistentes y letales), y entonces a las lluvias habrá que responsabilizar de la ineficacia de nuestras zumbonas instituciones de Salud, que se dedican sin escrúpulo a sangrarlo a uno y más tarde andan presumiendo logros que ni de ellos son, como ese de que el agua de tubo en Colima es potable. Claro, señor secretario, como que viene de los manantiales de Zacualpan. 



Pero la pregunta sigue en el aire sobre si rebasaremos o no los 55 mil casos de dengue que se registraron en todo el país hace tres años. No nos queda más remedio que encender bonotes de cocos socatos para ahuyentar al mosquito, tal como hacíamos en Coahuayana cuando íbamos con Mamá Amalia o con mi tío José. Pero esa, esa es otra historia.





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'Los retablos barrocos mexicanos. Retablo del Beaterio' es el título de la conferencia que Cristina Artigas de Latapí, directora del Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos, del Conaculta, impartirá este viernes 19 de julio a las 20:00 hrs. en el Beaterio. Invita la Sodetam, Capítulo Colima. No hay que faltar porque, según dicen, el del Beaterio es el único retablo que hay en Colima. Traído no se sabe de dónde (ojalá haya alguien que nos diga bien a bien su origen) por el padre Canuto Barreto, permanece en el sitio mencionado, incluso después de sobrevivir al terremoto de enero de 2001. Se trata, sin duda, de una pequeña gran joya que maravilló, entre otros, al propio maestro Alejandro Rangel Hidalgo.